Por varias razones, Miguel Cotto necesita pelear otra vez con Antonio Margarito. La más importante: Al puertorriqueño le urge ganar de forma contundente para exorcisar el demonio que le ha perseguido desde que el mexicano lo noqueó hace tres años en Las Vegas, Nevada.
El lunes Cotto entrenó por dos horas en el Gimnasio KG de Orlando en preparación para su revancha ante Margarito y no mostró preocupación relevante ante la incertidumbre que ha tomado el combate en los últimos días.
“Estoy tranquilo, no tengo controversias con ninguna comisión del mundo, puedo pelear en cualquier parte del mundo. Si ellos tienen controversias, son sus problemas”, dijo Cotto a ESPNDeportesLosAngeles.com sobre las especulaciones que redundan ante las exigencias de salud de la comisión atlética del estado de Nueva York para otorgarle la licencia para pelear a Margarito el próximo 3 de diciembre en el Madison Square Garden de Nueva York.
Si los doctores de Nueva York no encuentran lo suficientemente sano el ojo derecho de Margarito, entonces la pelea se trasladaría a otro lugar. Arizona, Colorado y Texas han sido mencionados como posibles sedes aunque también se ha especulado sobre una posible cancelación. Una decisión sería anunciada el martes.
“Mi contrato es para pelear, no importa el lugar. Si no puede ser en Nueva York, lo enfrentaré en otro lugar”, dijo Cotto a los medios.
En esta ocasión estará en disputa el campeonato mundial súper welter, versión Asociación Mundial de Boxeo (AMB) que Cotto posee desde hace año y medio. Cotto, de 31 años, tiene foja de 36-2 con 29 nócauts, mientras que Margarito, de 33 años, tiene 38-7 y ha fulminado a 27 de sus rivales antes del final.
El gladiador boricua no ha variado su plan de preparación con la que asegura logrará vengar su primera derrota en su carrera profesional.
“Siempre trabajo por la victoria y ahora no será diferente”, dijo Cotto a quien detrás de sus tranquilas y casi imperceptibles palabras, se podía percibir la calma que antecede a la tormenta.
OPTIMISTA ARUM
Por su parte el promotor Bob Arum se mostró optimista en que todo se resolverá y que la pelea se celebrará según fue inicialmente programada..
“Estamos optimistas de que Margarito superará todos los exámenes y la pelea irá en la fecha y el lugar en que está programada”, apuntó Arum, quien habló con los medios antes que Cotto comenzara a ejercitarse.
En la primera pelea, el 26 de julio del 2008 en Las Vegas, Margarito noqueó a Cotto en el round 11. En lo que resultó su primera derrota profesional, Cotto fue seriamente maltratado, física y emocionalmente.
En su siguiente combate, ante Shane Mosley, Margarito fue noqueado en el round 11, pero antes hubo una controversia por su bendaje, pues se descubrió que el entrenador le puso una sustancia que combinada con oxígeno se convierte en yeso, lo que llevó a una suspensión de un año en Estados Unidos.
Cotto tiene 4-1 (perdió ante Manny Pacquiao el 14 de noviembre del 2009) y ha agregado dos de sus cuatro campeonatos mundiales después de caer ante Margarito, pero en cierta forma, una carrera que llevaba un ritmo vertiginoso hacia la grandeza registró una especie de pausa.
A Margarito no le ha ido mejor. Ganó por decisión unánime a su compatriota Roberto García en Aguascalientes antes de ser rudamente masacrado por Pacquiao en su regreso a las arenas de Estados Unidos, en Dallas en noviembre del 2010. En ese pleito fue que Margarito sufrió la lesión en su ojo drecho.
“Lo que sucedió, sucedió. Nadie lo puede cambiar. Esto es un nuevo capítulo en mi historia y todos verán un final diferente”, dijo Cotto. “Luego, me moveré adelante”, agregó.
Para muchos observadores de la carrera de Cotto, el puertorriqueño se está preparando como nunca antes para su próximo combate. Parte de eso se atribuye a su nuevo entrenador, el cubano Pedro Díaz, pero también a la gran determinación del peleador.
“Mi único vaticinio es que será la mejor pelea del año”, dijo Arum. “Cuando un mexicano sube al ring contra un puertorriqueño lo único seguro es que habrá un gran combate en el que nadie echará para atrás”, dijo.
Y si alguien echa hacia atrás, casi seguro no será Cotto, quien ha esperado tres años por la oportunidad de desahogar la furia que metió en su cuerpo la primera derrota de su carrera.
